“Si quiero averiguar si alguien es inteligente, o estúpido, o bueno, o malo, y saber cuáles son sus pensamientos en ese momento, adapto lo más posible la expresión de mi cara a la de la suya, y luego espero hasta ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o en mi corazón, coincidentes con la expresión de mi cara.”

Esta es parte de una anécdota que refería el personaje ficticio Auguste Dupin sobre una de las habilidades menos explotadas por el ser humano: la de identificarse con los sentimientos de sus semejantes simplemente por imitación de sus gestos.
Ya bastante se ha estudiado (¡y miren que se ha confirmado!) sobre la empatía y la sincronización de los movimientos corporales entre dos personas; cuando ambas estén de acuerdo o compartan una opinión, sus gestos y kinesia -ya sean positivas o negativas- serán “réplicas” mutuas, muy probablemente en espejo.
Allan Pease ya nos recomendaba, en su libro “El lenguaje del cuerpo“, que para crear empatía y superar los posibles conflictos que puedan surgir con un interlocutor hostil, no hace falta más que simplemente imitar -eso sí, con extremada cautela- los movimientos de su cuerpo.  Eso le enviará el mensaje subconsciente de que estamos de acuerdo con su parecer, ¡Aunque no sea así!
Al hacer esta imitación del otro, debemos parar unos segundos y preguntarnos igual que Dupin: ¿Qué estará sintiendo esta persona? ¿cómo puedo ayudarla, o convencerla…? Esto es crucial cuando debemos solicitar algún favor o sugerir alguna acción a un individuo hostil o cerrado.
La foto que corona este artículo, la del mandatario estadounidense Barack Obama observando detenidamente al Presidente dominicano Leonel Fernández, sirve perfectamente como ejercicio para esta técnica.  Dediquen unos segundos a imitar, tan perfectamente como sea posible, la cara del inquilino de la Casa Blanca.  Repliquen la inclinación de su cabeza, el entornado de los ojos, el ceño fruncido y las comisuras ligeramente caídas. Acto seguido, traten de “sentir” la expresión en sus rostros. ¿Qué les transmite?

El estudio de las expresiones faciales es amplísimo.  No sólo tenemos a las microexpresiones que nos sirven para identificar las emociones súbitas; incluso existen robots que tratan de imitar el rostro humano.
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